31.07.2008

presentación

Esta es una tarea complicada, nunca intenté definirme. Lo mas cercano a esto que hice fue enroscarme una lanita (de aproximadamente 10 cm) al dedo índice, diciendo “me llamo Sebastián”, vueltita, “tengo x años”, vueltita, “me gusta dormir”, y ahí forzosamente hacía que se acabe el hilo. No tengo referencias de una dinámica de presentación peor que esa, estoy seguro de que es la peor. El tema es que soy demasiado…como decirlo? poco comercial. Pongámoslo así: intentar vender una película acerca de mi vida y pretender recaudar algo de plata sería algo así como intentar venderle una Atari a un japonesito de 13 años. Ojo! conozco gente muchísimo más amarga que yo, y algunos de ellos no son así únicamente por seguir el programa de cocina de la Hermana Bernarda. Pero igualmente hay veces que me preocupa el hecho de que el 93,6% (estadística actualizada en 2006, I.N.E) de las actividades de mi día a día las pueda realizar sin moverme de mi cuarto. No ilusionen con que el 6,4% restante corresponda a mis facetas de piloto de prueba o alpinista, no no, refiere al tiempo que empleo en ir y volver de facultad y del 24 horas, que es lo único que está abierto cuando me da hambre. Es pues, por estas razones que voy a hablar de mi vida en estado de reposo, cuando me conecto con los contenidos deformados, indescifrables y prehistóricamente reprimidos de mi inconsciente. Soy un tipo que habla bastante dormido, pero no tanto en mi lengua materna, más bien acostumbro a hacerlo en otros idiomas. Quienes me han escuchado afirman que el que aparece con más frecuencia entre mis balbuceos oníricos es el inglés; una cabeza de pony más atrás lo sigue el francés; el tercer lugar lo ocupa el español; el protogermánico, el zenda, y el paleoslavo están empatados en el cuarto, y detrás de éstos toda una serie de dialectos extraños que los escuchas no han podido identificar. Alguien una vez me dijo que creyó reconocer entre mis palabras una antigua lengua muerta del desierto, que reconoció inmediatamente puesto que varias de las palabras que pronuncié formaban parte del estribillo de una de las canciones de cuna que su abuela de Abu Simbel le cantaba antes de dormirse. Me la cantó casi entera pero no la conocí, era media parecida a una de La Tigresa del Oriente, seguramente porque ella tiene ascendencia de por allá. También canto dormido pero acá sí, nadie ha podido nunca identificar ninguna de las melodías que he entonado. Es por eso que una vez me grabé para ver. Si bien no esperaba encontrarme con un Alessandro Safina en ese cassette, tampoco esperaba que mi voz sonara como la de Emily Rose con ocho demonios más adentro. En un primer momento pensé que en la grabación se había colado lo que parecía la voz del Sabalero queriendo interpretar un tema de Aretha Franklin, pero enseguida comprendí que era mi voz la que rugía notas inalcanzables para su registro. La canción era en ingles (estoy seguro de que en una parte dije “shoulders”) y la melodía era muy pero muy rara. Tenía los compases típicos de la música oriental pero mi voz bailaba sobre una escala que hasta el más mononeurónico de los susanos habría podido identificar como del altiplano. También durmiendo juego bastante bien al futbol; al parecer juego de 9 o de 11, delantero de área chica, con olfato de gol, porque ya voy mandando a guardar varias pelotas allí donde las arañas tejen su nido. Parece que este es un sueño de compensación, es decir, me encanta este deporte mas siempre fui horrible jugándolo; no obstante en mi cabeza, de locatario y sin mecanismos de defensa (ni arquero supongo), todas las pelotas que de chico dejé orbitando alrededor de Alfa Centauro van a parar ahora a las redes. El denominador común de las actividades que desarrollo durmiendo parece ser que todas ellas son cosas que a la luz del día y en posición bípeda hago muy mal: cantar, jugar al fútbol, predicar en otras lenguas, patear la pared y roncar (es algo que en estado de vigilia siempre me costó hacer: no puedo hacerlo sonar como un ronquido, se me tapan los oídos y me queda la garganta rasposa).
Tampoco puedo dormirme jamás antes de las 3 a.m; lo de mi compañero de cuarto es más grave aún, se extiende hasta las 5 a.m aproximadamente (vale aclarar que no se queda entre mates y fotocopias sino entre capítulos de Naruto, Samurai Shamploo, Samurai X, Manga, y todo lo que venga de Japón con bocas chiquitas y ojos grandes), por lo que momentos antes de dormirme, le recuerdo que tome nota lo más cautelosamente posible de las cosas que digo dormido, ¿acaso no se dan cuenta? pueden ser genialidades! verdades absolutas que quién sabe qué dios nos envía a los mortales utilizando mi aparato buco fonador como medium, puedo quizás, derribar desde paradigmas astrofísicos hasta ganaderos con las defensas de mi conciencia en low, puedo componer otro “yesterday” dormido como McCartney y a éste sí llamarle “huevos revueltos!”, vaya uno a saber. Lo cierto es que, para desgracia de la ciencia y la fortuna de la iglesia, la libretita y los pentagramas aparecen en blanco todos los mediodías al despertarme, y a veces alguna nota: “no dijiste nada, pelotudo” en compases de 3/4.

1 Kommentar:

Efe (Abel) hat gesagt…

virtuoso hijo de puta!!!!!